
"Termino la primera versión de mi texto; lo lees y me dices:
Tu discurso - just that
El argumento es correcto, lo que escribes es verdadero -sólo eso. Tu escritura tiene una escena, es una escena; lo aprendiste, lo sabes teóricamente -sólo eso. Sin embargo, de la verdadera escena de tu escritura apenas si sabes algo -recuerda eso. Recuerda eso: por qué, cómo, comencé a amarte. Me quisiste acariciar. Te dije: "Dame tiempo" -sólo eso. Al día siguiente me preguntaste qué quise decir con esa frase. Te expliqué con franqueza, fui sincero. Me dijiste: "Sé que estás diciendo la verdad, pero ayer cuando me decías "dame tiempo", otro era el acto, otro era tu gesto, otra era la escena. Agregaste: "A ese acto, a tu gesto, a esa escena, le doy todo el tiempo, todo el espacio, todas las experiencias que quieras". Palabras, pensé -sólo eso. Pues, "tiempo" era el nombre que me dabas, el nombre de tu verdad, tu esperanza.
Comprendiste. Amargura era tu voz cuando me decías: "Todos somos iguales, todos actuamos igual; toda palabra, todo nombre es un Significado Trascendental, el uso de una cierta palabra, el deseo perdido de una verdad -sólo eso". Pero habías encontrado la manera de criticarte. "Sólo escribo cartas de amor", reconocías -comencé a amarte. "Por eso te digo: reescribe ahora tranquilo tu texto. Único criterio: que me guste a mí -sólo eso".
Patricio Marchant: "Escritura y temblor"
Imagen: Wolf Vostell