se va por el universo

28.9.07

::: The Galgani's Godfather :::


Mi abuelo materno me enseñó una estrategia para vivir…
“…como los mafiosos italianos de los setentas...”

19.9.07

::: 0% de interés :::


Me saludaste. Te saludé con asombro, diciéndome: “uy!... le llegó la hora de la nostalgia!”. Me preguntaste cómo me iba en la vida. Te dije que bien. Te pregunté lo mismo. Me respondiste lo mismo. Puros lugares comunes. Nuestras conversaciones siempre son así, y siempre me dejan la misma sensación de desazón, como sabiendo que todo pudo ser mejor, que todo se pudo arreglar, que todo pudo no haber terminado, al menos no de esta forma: media forzada y media externa, sin que en verdad quisiéramos, fue un final impuesto. Después de un rato supe la razón de tu sospechoso saludo: necesitabas contactarte con alguien, y yo podría tener el número telefónico de esa persona. No era nostalgia, eran intereses creados. Te dije que sería bueno vernos, lo dije pensando en hablar ciertas cosas que me tienen media atascada. Te nombré los días libres que tengo. Te pregunté si podías uno de esos días. Esperé un rato. Miré tu estado y salías “no conectado”.
Imagen: Francisca García

15.9.07

11.9.07

::: Aquiles :::


Entró. Mientras caminaba hacia su lugar de trabajo, dirigió una rápida y superficial mirada a los estudiantes. Dejó su maletín sobre la mesa, se sentó apoyando los codos en el escritorio, sosteniendo su cabeza con sus manos. El bullicio en la sala aumentaba, yo me limitaba a observar al profesor mientras su mirada se extraviaba en la multitud. Su rostro se iba desfigurando, sus ojos se volvían brillosos, vidriosos, hasta que estalló en sollozos. Después de un rato, se puso de pie y anotó en la pizarra una ecuación cuadrática. La resolvió, la contempló y marcó la solución negativa.
Imagen: Christian Boltanski

10.9.07

::: Mala persona :::


"no quedar adheridos a ninguna persona
aunque sea la más amada
toda persona es una cárcel
y también un rincón"


Friedrich Nietzsche - "Más allá del bien y del mal"

1.9.07

::: Mancha (o las tonteras que se dicen de repente, como simulando no tener a un individuo pensante al frente) :::


Es feo decirlo, pero se siente igual. Y no es que a veces quiera estar así, media demacrada, desganada y sin resabio vital. Lo que pasa es que ni siquiera puedo reconstruir el camino por el cual llegué a estar así. No tengo esa capacidad humana que mencionó hoy mi profesor de Estética Moderna -mi guapísimo profesor J. M. G.- de desandar lo andado, de borrar las huellas, no puedo eliminarlas de un plumazo, al menos no puedo hacerlo sin que ellas me dejen una insoportable mancha. Una inaguantable sensación que, aunque me quiera hacer la loca, tengo la certeza de que pasé por ese lugar, que me desarmé y me rearmé –en el mejor de los casos- en esa superficie de espacio y tiempo. Y es un poco siniestro: porque la mancha siempre me recuerda que permanece esa terrible sensación de que, en lo experienciado, algo está no dicho, algo permanece no nato y que, sin embargo, me constituye. Si es que estoy constituida, claro está.

No me pregunte tonteras: todos sabemos que la fe se sustenta en la imposibilidad, de otro modo no habría fe. Y como yo a veces creo en cuestiones variopintas, prefiero creer en las posibilidades antes que en lo inconveniente, en lo que está a mi alcance antes que en lo que radica en lo ajeno, en el poder de la reflexión y de la acción antes que en una fuerza telúrica, pachamámica o celestial dependiendo del credo. Por eso no tengo fe. Y puede ser por eso que cada viernes termine en un estado de creciente desazón, producido –a veces- por la crisis existencial que acarrea la lectura de la teoría kantiana y sus repercusiones en el mundo romántico; derivado –otras tantas ocasiones- de mi progresivo estado de desilusión frente a quienes y a lo que me rodea. Y por supuesto, de mi nula capacidad para lidiar con aquéllo, aún sabiendo que es la única opción, pues la otra opción la descarté hace algún tiempo cuando no la consumé. Y aunque usted no lo crea, a veces pienso que las cosas pueden mejorar, y es en esos momentos absurdos en los que tengo fe.