se va por el universo

19.9.07

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Me saludaste. Te saludé con asombro, diciéndome: “uy!... le llegó la hora de la nostalgia!”. Me preguntaste cómo me iba en la vida. Te dije que bien. Te pregunté lo mismo. Me respondiste lo mismo. Puros lugares comunes. Nuestras conversaciones siempre son así, y siempre me dejan la misma sensación de desazón, como sabiendo que todo pudo ser mejor, que todo se pudo arreglar, que todo pudo no haber terminado, al menos no de esta forma: media forzada y media externa, sin que en verdad quisiéramos, fue un final impuesto. Después de un rato supe la razón de tu sospechoso saludo: necesitabas contactarte con alguien, y yo podría tener el número telefónico de esa persona. No era nostalgia, eran intereses creados. Te dije que sería bueno vernos, lo dije pensando en hablar ciertas cosas que me tienen media atascada. Te nombré los días libres que tengo. Te pregunté si podías uno de esos días. Esperé un rato. Miré tu estado y salías “no conectado”.
Imagen: Francisca García

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